viernes, 11 de septiembre de 2015

Abd al-Malik al-Muzaffar

Durante su breve gobierno al-Muzaffar realizó ocho aceifas contra territorios cristianos, que se sumaban a las cincuenta y dos o cincuenta y seis que hizo su padre desde 977,78 aunque en su caso fueron generalmente operaciones de castigo contra los cristianos deseosos de librarse del yugo cordobés.79 Para sustentar su política de dos aceifas anuales –en promedio–, su padre había contratado al menos tres mil jinetes bereberes magrebíes y dos mil infantes negros subsaharianos.78 Debe mencionarse que, desde los tiempos del emirato, las aceifas no eran expediciones de conquista, puesto que nunca intentaban controlar los territorios donde se realizaban –aunque su padre intentó recolonizar algunos pocos— sino retener los propios buscando frenar la expansión enemiga; por esto fracasaron, porque, con cada victoria, los cristianos avanzaban más hacia el sur.80
Posiblemente, la Arqueta de Leyre fuese un regalo del propio califa Hixem II a Abd al-Malik al-Muzaffar tras la campaña victoriosa de 1005 contra León.http://www.arteguias.com/museo/museonavarra.htm

Lo que hacían las tropas cordobesas era saquear pueblos para que estos núcleos de repoblación no sirvieran de bases para nuevas campañas enemigas; quemaban cosechas para dificultar la preparación militar de los cristianos arruinando su economía; desmantelaban fortalezas —a veces levantadas apresuradamente— para dejar las zonas vulnerables ante aceifas futuras; y se hacían prisioneros o se obligaba al enemigo a pagar tributos como ganancia económica.80 Para enfrentar las algaras moras los cristianos desarrollaron tácticas de índole propiamente guerrillero, aunque no les impedía presentar batalla campal cuando creían que las circunstancias les favorecían. Para compensar su usual inferioridad numérica se centraban en su mejor conocimiento del terreno, atacando a grupos pequeños –especialmente forrajeadores– o aprovechando descuidos –tales como el distanciamiento excesivo de sus flancos, su retaguardia o su vanguardia del grueso de las tropas–. Para contrarrestar estos ataques los comandantes musulmanes daban mucha importancia a mantener el orden durante las marchas en territorio enemigo.81 Debe entenderse que los ejércitos de los reyes cristianos no eran más que la suma de los séquitos armados de los aristócratas que convocaba, lo cual se veía dificultado y disminuido si había revueltas internas. Cada uno de los grandes linajes nobiliarios, como los Banu Ansúrez –condes de Monzón– y los Banu Gómez –condes de Saldaña–, podía poner en armas un par de cientos de combatientes y lo que podía sumar el monarca eran algunos miles si su autoridad era unánimemente respetada -algo poco frecuente durante ese siglo-, de lo contrario quizás no pasaría los mil quinientos.82

https://es.wikipedia.org/wiki/Abd_al-Malik_al-Muzaffar

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