António de Oliveira Salazar (
Vimieiro,
28 de abril de
1889 -
Lisboa,
27 de julio de
1970) fue un dictador
portugués. Ejerció como
primer ministro entre 1932 y 1968 e interinamente la
Presidencia de la República en 1951. Fue la cabeza y principal figura del llamado
Estado Novo, que abarcó el periodo 1926-1974, si bien el régimen no se consolidó como tal hasta 1933.
 |
| António de Oliveira Salazar |
Con la crisis económica y la agitación política de la
I República, que se prolongó incluso después de la
Revolución Portuguesa de 1926, la
dictadura militar llama a Salazar en junio de 1926 para asumir la cartera de ministro de Finanzas. Salazar había exigido manos libres para decidir en los asuntos de su negociado; de lo contrario, prometió dejar la cartera y volverse «en el primer tren que saliese para Coímbra». Así fue. Pasados trece días Salazar renuncia al cargo por no habérsele satisfecho las condiciones que consideraba indispensables para su ejercicio y vuelve a su cátedra en la
Universidad de Coímbra.
En 1928, tras la elección del presidente
António Carmona y en vista del fracaso de su antecesor en conseguir un abultado préstamo externo con vistas al equilibrio de las cuentas públicas, Salazar vuelve a asumir la cartera. De inmediato Oliveira Salazar exigió controlar los gastos e ingresos de todos los ministerios. Satisfecha la exigencia, impuso una fuerte
austeridad y riguroso control de las cuentas, consiguiendo un superávit en las finanzas públicas tras el ejercicio económico de 1928-29, y esforzándose en mantener un
presupuesto equilibrado, al extremo de recortar severamente los gastos del Estado. «Sé muy bien lo que quiero y a dónde voy», declaró en su toma de posesión.
En la prensa favorable a Salazar, sería muchas veces retratado como salvador de la patria debido a que, tras muchos años de dificultades, la
economía portuguesa no sufría de
déficit presupuestario desde 1928. Este hecho, considerado una proeza, hizo ganar a Salazar un gran prestigio entre las corrientes de la derecha republicana, de los monárquicos y de los católicos.
Posteriormente, la
propaganda y la manipulación política se utilizaron para consolidar su poder, mientras Salazar amenazaba nuevamente con su renuncia en caso de que la derecha portuguesa sugiriese limitar sus poderes. Para esas fechas, la economía portuguesa había dejado atrás el déficit y los gravosos empréstitos contratados en el extranjero, y las
fuerzas armadas y la
élite financiera apoyaban a Salazar, temiendo sufrir nuevamente el caos financiero de la
Primera República Portuguesa. Incluso el presidente de la República, el general Carmona, consultaba a Salazar antes de cada remodelación ministerial.
Mientras la oposición democrática se desvanecía en sucesivas pugnas internas sin éxito, se procuraba dar rumbo a la
Revolución Nacional impuesta por la dictadura militar surgida desde 1926. Salazar, rechazando el regreso al
parlamentarismo de la
República, proporciona la solución: crea la
Unión Nacional, un movimiento político nacional (en la práctica un partido único) aglutinador de todos cuantos quisieran servir a la patria.
En 1932, tras la dimisión de varios
primeros ministros y ya con una consolidada figura en el gobierno, Salazar asume el cargo de
primer ministro de Portugal. Ese año se lanza el proyecto para crear una nueva Constitución, y Salazar llamaría a un grupo de notorios profesores universitarios para crearla, modelando un texto fuertemente autoritario y centrado en los poderes del primer ministro. En 1933 luego de someter a plebiscito la Constitución, ésta se aprueba y entra en vigor, naciendo así el
Estado Novo y también el
Salazarismo.
Con la Constitución de 1933, Salazar instituyó y consolidó el
Estado Novo, un régimen nacionalista corporativo con amplios poderes conferidos al ejecutivo en el control del Estado. La cuestión del tipo de régimen (monarquía o república) es sutilmente dejada de lado, mientras los cargos de poder eran distribuidos entre las dos corrientes. El régimen adopta una forma muy leve de
fascismo basado en el de
Benito Mussolini (por esto muchos ni siquiera lo consideran fascista) y afirma los valores nacionales y su defensa, sacrificando la libertad individual en beneficio de lo que se consideraba el interés superior de la Nación.
La guerra civil española
Salazar defendía la estabilidad de la vida nacional y temía que la turbulenta situación de
España pudiese afectar a
Portugal. Intensificó la censura y la acción de la policía política
PIDE, Policía Internacional y de Defensa del Estado. Portugal proporcionó al bando sublevado un importante apoyo logístico, permitiendo, por ejemplo, la comunicación entre los ejércitos sublevados del norte y del sur cuando aún no podían establecer contacto por tierra, concediendo libre tránsito a suministros militares destinados al
bando nacional, repatriando a refugiados republicanos, y aportando una modesta cantidad de combatientes (los "
Viriatos") y armamento para los franquistas.
Tras la llegada del general
Francisco Franco al poder, Salazar se ocupó de mantener buenas relaciones diplomáticas con la
España franquista, si bien durante la
Segunda Guerra Mundial temió por unos meses que Franco, con el apoyo del
Tercer Reich, intentara invadir Portugal y anexionarlo a España. A partir de 1945, las relaciones hispano-portuguesas se mantuvieron en un buen nivel, aunque marcadas por la mutua desconfianza personal existente entre los mandatarios de ambos países. A despecho de lo que muchos creen, y de lo que los dos gobernantes declararon a la prensa en innumerables ocasiones, Franco y Salazar no se tenían ninguna simpatía. Franco consideraba al portugués taimado y poco claro; Salazar despreciaba en Franco al espadón sin cultura. A título de curiosidad, las entrevistas entre ambos se celebraban en portugués; Franco se defendía con el gallego lo suficiente como para conversar con su homólogo lusitano.
Salazar y la monarquía
Salazar alimentó él mismo el mito de su "ideal monarquista" al inicio de su gobierno con el fin de obtener el apoyo del sector integrista portugués para el Estado Novo. Pero esto no pasó de ser un juego político del mismo Salazar. Su antimonarquismo ya se había demostrado durante su militancia en el Centro católico, cuando en un congreso en 1922 llamó al centro a aceptar la
república sin pensamientos reservados, es decir, aceptar la nueva forma del estado y renunciar a una restauración monárquica. Esto provocó la marcha de varios católicos monárquicos del centro.
Tras la derrota de la
monarquía del norte un centenar de oficiales fueron expulsados del ejército portugués, pero el gobierno de
António Maria da Silva propuso su restitución. Esto se paralizaría con el golpe de estado que dio origen a la
Ditadura Nacional. Salazar diría en un discurso en 1928 que el debate acerca de la forma del estado (
monarquía o
república) era la última de las prioridades del país. En 1930 el teniente coronel
Adriano Strecht de Vasconcelos entrega al presidente de la república
Óscar Carmona un documento titulado
A Situação Jurídica dos militares afastados do serviço do Exército em 1919 (en español
La situación jurídica de los militares apartados del servicio militar en 1919) donde pedía justicia para los afectados. Salazar lo rechazó, impidiendo la restitución de los ex oficiales monárquicos en el ejército.
Tras la muerte de
Manuel II en 1932, Salazar empezó la destrucción total del mito de la monarquía, cuando su gobierno se adueña de las antiguas propiedades de la
dinastía de Braganza creando la
Fundação da Casa de Bragança (Fundación Casa de Braganza).
Veinte años después, en 1951 Salazar dio un discurso en el congreso de la
Unión Nacional, en el que dejaba en claro su desprecio por la monarquía, destruyendo las esperanzas sobre una posibilidad de restauración.
El concordato
La cuestión de la indemnización de la
Iglesia católica por la nacionalización de sus bienes durante la
I República es descartada por Salazar. A pesar de su acción en el Centro Católico y de ser él mismo profundamente católico, la separación de poderes entre el Estado y la Iglesia es un propósito firme del salazarismo. La definición de las relaciones entre el Estado portugués y la Iglesia católica se oficializaría en 1940 por medio de un
concordato. La
separación Iglesia-Estado supuso el distanciamiento de quien había sido su amigo, el cardenal Cerejeira, al ocupar éste la sede episcopal lisboeta.
https://es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%B3nio_de_Oliveira_Salazar