Más allá de
las diferencias de época, estas son las semejanzas más notables en su ascenso y
comportamiento:
1. El uso del "Gran Enemigo" (Chivos
Expiatorios)
Ambos
construyen su identidad política a través de la oposición radical.
- La amenaza externa e interna: Hitler culpaba a los judíos y
a los comunistas de la "puñalada por la espalda" a Alemania.
Trump utiliza una retórica similar contra los inmigrantes (descritos a
veces como "invasores") y el "Deep State" (Estado
Profundo) o los demócratas, a quienes califica de "enemigos
internos".
- Deshumanización del oponente: El uso de adjetivos
despectivos para referirse a sus rivales es constante en ambos, con el fin
de restarle validez moral a cualquier crítica.
2. El ataque a la Verdad Objetiva
Esta es
quizá la semejanza más citada por expertos en comunicación:
- La "Gran Mentira" (The
Big Lie): Hitler
y su jefe de propaganda, Goebbels, sostenían que si repetías una mentira
lo suficientemente grande con frecuencia, la gente terminaría creyéndola.
Analistas han comparado esto con las afirmaciones de Trump sobre el fraude
electoral en 2020 (conocido en EE. UU. como The Big Lie),
mantenidas a pesar de la falta de pruebas judiciales.
- Desprecio por la prensa: Hitler llamaba a la prensa Lügenpresse;
Trump la llama "el enemigo del pueblo". Ambos buscan que la
única fuente de "verdad" sea el propio líder.
3. El Nacionalismo de Agravio
Ambos apelan
a un sentimiento de humillación previa para movilizar a las masas:
- Restauración de la gloria: El mensaje no es solo
"somos buenos", sino "nos han robado nuestra grandeza y yo
soy el único que puede devolverla". Ese sentimiento de ser víctimas
de un sistema global justo antes de que ellos llegaran es un motor
idéntico en ambos discursos.
4. La Estética y el Espectáculo
- Mitin como ritual: Para ambos, el mitin no es una
conferencia política, es una experiencia emocional. El uso de símbolos
simples, consignas repetitivas que la multitud corea (Sieg Heil vs.
Lock her up o Build the wall) y una puesta en escena
centrada exclusivamente en la figura del líder carismático.
5. Desprecio por las Normas Establecidas
- Ruptura del protocolo: Ambos se presentan como outsiders
que vienen a romper las reglas de una política "corrupta" o
"débil".
- Lealtad personal sobre
institucional: Hitler
exigía juramentos de lealtad personal. Trump ha sido criticado por exigir
lealtad a figuras dentro del Departamento de Justicia o el FBI,
priorizando la fidelidad hacia él por encima de la fidelidad a la
institución.
Robert Paxton, uno de los mayores expertos mundiales en
fascismo, inicialmente se resistía a la comparación, pero tras los eventos del
6 de enero en el Capitolio, afirmó que el uso de Trump de la violencia masiva
(aunque sea retórica) y el rechazo a la transición pacífica del poder lo
acercan a las definiciones clásicas de líderes fascistas del siglo XX.
ambos han
utilizado los mítines para consolidar su poder, eventos no como simples discursos, sino como herramientas
de ingeniería social. En ambos casos, el mitin sirve para transformar a un
grupo de individuos en una masa psicológica cohesionada.
Aquí están
las semejanzas clave en su estrategia de espectáculos de masas:
1. La creación de una "Realidad Alternativa"
El mitin es
un espacio donde el líder tiene el control total de la narrativa.
- Aislamiento del mensaje: Dentro del evento, no hay
lugar para el debate o la verificación de hechos (fact-checking).
Lo que el líder dice se convierte en la única verdad para los asistentes.
- Validación grupal: Al ver a miles de personas
aplaudiendo las mismas ideas (por radicales que sean), el individuo siente
que sus pensamientos están validados por la mayoría, lo que reduce su
sentido de la autocrítica.
2. El uso de Eslóganes y Mantras
Ambos
descubrieron que la complejidad política aburre, pero la repetición de frases
cortas moviliza.
- La técnica de la repetición: Hitler usaba frases cortas y
contundentes que repetía hasta el cansancio. Trump hace lo mismo con
frases como "Build the wall", "Lock her up"
o "Drain the swamp".
- La participación de la
audiencia: En los
mítines de ambos, se busca que la multitud no sea pasiva. Al hacer que la
gente coree las consignas, el seguidor se convierte en cómplice y partícipe
del movimiento, no solo en un espectador.
3. La escenificación del Líder como
"Salvador"
La puesta en
escena está diseñada para elevar la figura del líder por encima de lo humano.
- La llegada triunfal: Hitler solía llegar en avión
(algo muy moderno para su época) y entrar al estadio bajo luces de
catedral. Trump utiliza su avión personal con su nombre en grande,
sobrevolando a veces el lugar antes de aterrizar, y entra con música de
alta energía (rock o himnos patrióticos).
- El Salvador frente al Caos: En sus discursos, ambos pintan
un panorama apocalíptico del país (la "carnicería
estadounidense" o la "Alemania humillada") para luego
presentarse como la única solución. Como dijo Trump en la
convención de 2016: "I alone can fix it" (Solo yo puedo
arreglarlo).
4. La Canalización del Odio y la Ira
El mitin
sirve como una válvula de escape para las frustraciones sociales.
- Identificación del
"Enemigo del día": Es común que en estos eventos se señale a grupos
específicos presentes (periodistas en el fondo del salón, manifestantes
opositores) para que la multitud los abuchee. Esto crea un sentimiento de
unidad interna a través del desprecio hacia el "otro".
- Catarsis colectiva: La energía del mitin permite
que la gente exprese su enojo de forma ruidosa, lo que genera una descarga
emocional que une profundamente al seguidor con el líder que "le
permite" expresar ese odio.
Un paralelismo psicológico: El efecto de la
"Masa"
El psicólogo
Gustave Le Bon (a quien Hitler leyó y cuyas tácticas Trump parece aplicar de
forma intuitiva) decía que el individuo en una multitud pierde su capacidad de
razonar y se vuelve sugestionable.
- Hitler decía en Mein Kampf que
el mitin era necesario porque en él las personas "se sienten
protegidas por una comunidad superior".
- Trump ha descrito sus mítines como
una "historia de amor" entre él y sus seguidores, subrayando ese
vínculo emocional que va mucho más allá de la política tradicional.

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