Los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) fueron agrupaciones parapoliciales que practicaron terrorismo de Estado o «guerra sucia» contra la organización terrorista Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y su entorno entre 1983 y 1987, asesinando a un total de 27 personas.[1] Durante el proceso judicial contra esta organización fue probado que estaba financiada por altos funcionarios del Ministerio del Interior del Gobierno socialdemócrata de Felipe González.[2]
Aunque combatían a ETA y «los intereses franceses en Europa», a estos últimos por responsabilizar a Francia de «acoger y permitir actuar a los terroristas en su territorio impunemente»,[3] también realizaron acciones indiscriminadas debido a las cuales fallecieron ciudadanos franceses sin adscripción política conocida.[4]
La investigación periodística sobre los GAL se inició en 1987 en el periódico vasco Deia de la mano del reportero Ricardo Arques.[5][6] Ese mismo año, y ya en Diario 16 y a partir de fuentes oficiales del Ministerio de Interior del propio Gobierno de España, fue el propio Arques quien continuó la investigación junto con otros periodistas como Melchor Miralles y Pepe Rei.[cita requerida] En 1989, a raíz del despido de Pedro J. Ramírez como director de Diario 16 y de la posterior creación de El Mundo, las investigaciones sobre el caso continuaron en este último periódico, dirigido y creado por Pedro J. Ramírez. Estas investigaciones pretendieron exponer a la opinión pública la organización, fuentes de financiación e implicaciones políticas de los GAL.[cita requerida]
Descripción del caso y su valor periodístico
El periodista Ricardo Arques descubrió la “guerra sucia” utilizada por el Gobierno español presidido por Felipe González entre 1983 y 1987 para combatir el terrorismo de ETA.[7] Se trata de los Grupos Antiterroristas de Liberación, un caso de terrorismo de Estado. El objetivo de los llamados GAL era eliminar ETA y su estructura de apoyo mediante agrupaciones parapoliciales y sus acciones armadas. Aunque decían combatir a la banda terrorista, realizaron acciones indiscriminadas que ocasionaron la muerte de ciudadanos franceses sin adscripción política conocida. De hecho, los GAL responsabilizaban a Francia de “acoger y permitir actuar a los terroristas en su territorio impunemente”.[cita requerida]
Tras la exclusiva en Deia, y ante la imposibilidad de continuar la investigación en este diario vasco, Arques la continuó en Diario 16, dirigido por Pedro J. Ramírez. Posteriormente, tras la fundación de El Mundo, dirigido y creado por Ramírez, siguió con las investigaciones, en colaboración con Melchor Miralles, al que Ramírez incorporó al caso. Uno de los hechos más relevantes fue el descubrimiento de un zulo de los GAL en el suroeste de Francia. Este zulo fue el hilo conductor de la investigación, la cual logró abrir sumarios judiciales en España y Francia. La investigación culminó con penas de prisión para miembros del Ministerio del Interior por asesinato, secuestro, asociación ilícita, falsificación documental y/o malversación de fondos públicos.
La investigación periodística consiguió, por un lado, tener un enorme impacto sobre la sociedad, que hasta entonces desconocía la existencia de los GAL para combatir a ETA. Los periodistas destaparon cómo existía una organización estructurada, financiada y dirigida por el ejecutivo de Felipe González que llevó a cabo asesinatos, secuestros, torturas y malversación de dinero público.[8] Por otro lado, el caso ha tenido consecuencias políticas y judiciales. La labor periodística permitió conocer la historia, ponerla en el debate político y llevarla a los tribunales, donde los jueces investigaron y acusaron a miembros del Ministerio del Interior con, en algunos casos, penas de prisión de más de cien años. Todo ello demuestra tanto la relevancia del caso como el impacto que finalmente tuvo.[9]
Durante la década previa a la independencia de Guinea Ecuatorial, especialmente tras la aprobación del Régimen Autónomo, se incrementaron las posturas nacionalistas en el territorio siendo éstas duramente reprimidas por las autoridades españolas. Destacan las desapariciones de Acacio Mañé,[12][13] Enrique Nvo[14] o Salvador Ndong. En ese periodo en el que la seguridad del territorio estaba encomendada a la Guardia Territorial, con destacados guardias civiles (como el joven teniente Enrique Rodríguez Galindo) que más tarde integraron el denominado GAL verde, resulta inevitable establecer un vínculo entre la represión al independentismo ecuatoguineano y el que se desarrolló en décadas posteriores de forma organizada.
https://elcomun.es/2020/06/15/documentos-de-la-cia-confirman-que-felipe-gonzalez-creo-los-gal/
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