29/04/2026, 15.29 Filipinas
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| La isla de Negros en Filipinas |
Numerosos civiles, incluso dos menores, entre las 19 personas que murieron en una redada del 79.º Batallón de Infantería en la provincia de Negros Occidental. Con la masacre, vuelve el flagelo de la eliminación de activistas y trabajadores sociales en la guerra contra las milicias comunistas del Nuevo Ejército del Pueblo (NPA). Precisamente cuando Manila ostenta la presidencia de turno de la Asean. La Asociación de Parlamentarios por los Derechos Humanos declaró: "También se ha violado el derecho internacional".
Fuente: web
La provincia de Negros Occidental, conocida como "la capital del azúcar" de Filipinas, arrastra un largo y sangriento historial de masacres y asesinatos selectivos. No se trata de explosiones de violencia étnica o religiosa (como en otras partes del país), sino de un conflicto social, económico y de tierras profundamente arraigado que se remonta a la época colonial española.
Para entender por qué esta provincia concentra tanta violencia, hay que analizar la estructura de poder que sostiene la isla.
1. El régimen de las Haciendas y los "Barones del Azúcar"
Desde el siglo XIX, la economía de Negros Occidental gira casi exclusivamente en torno a los monocultivos de caña de azúcar. La tierra está dividida bajo el sistema de haciendas, grandes latifundios propiedad de unas pocas familias de la élite aristocrática (conocidos localmente como los "barones del azúcar").
En el peldaño más bajo de esta estructura se encuentran los dumaan (trabajadores residentes) y los sacadas (obreros estacionales). Estas familias viven en condiciones de pobreza extrema, con salarios que a menudo caen por debajo del mínimo legal y atrapadas en un ciclo perpetuo de deudas con los terratenientes.
2. La reforma agraria fallida y el "Tiempo Muerto"
El principal catalizador de las masacres es la disputa por la tierra. Aunque Filipinas aprobó un Programa de Reforma Agraria Integral (CARP) en 1988 para redistribuir los latifundios entre los campesinos, en Negros Occidental la oligarquía local ha logrado bloquear, retrasar o sabotear legalmente la entrega de tierras.
La tensión alcanza su punto máximo durante el llamado Tiempo Muerto (la temporada muerta entre la siembra y la cosecha, de mayo a septiembre). Durante estos meses no hay trabajo ni ingresos, lo que lleva a los campesinos a la hambruna. Para sobrevivir, muchos grupos de agricultores recurren a la bungkalan: la ocupación y cultivo colectivo de tierras baldías o en disputa para plantar alimentos básicos. Los terratenientes suelen responder a estas ocupaciones con violencia armada.
3. Paramilitares y "Ejércitos Privados"
Para proteger sus extensiones de tierra y sofocar las protestas laborales, los terratenientes históricos han financiado tradicionalmente a sus propios guardias de seguridad y ejércitos privados.
Además, el Estado filipino integró estas fuerzas dentro de estructuras oficiales como las CAFGU (Unidades Geográficas de las Fuerzas Armadas de los Ciudadanos). Estos grupos paramilitares operan con una impunidad casi total en las zonas rurales, actuando frecuentemente como el brazo ejecutor de los intereses de la élite terrateniente.
4. El "Etiquetado Rojo" (Red-tagging) e insurgencia
Negros Occidental ha sido durante décadas uno de los bastiones del Nuevo Ejército del Pueblo (NPA), la insurgencia comunista de Filipinas que comenzó en los años 60. Debido a esto, la isla está fuertemente militarizada.
El problema crítico para la población civil es la práctica estatal del red-tagging (etiquetado rojo). Cualquier activista campesino, líder sindical, abogado de derechos humanos o miembro de la Iglesia que exija la reforma agraria o denuncie abusos laborales es etiquetado públicamente por el ejército y las autoridades como "simpatizante comunista" o "terrorista". Una vez que una comunidad o una cooperativa agrícola recibe esta etiqueta, se convierte en un objetivo legítimo a ojos de las fuerzas de seguridad y los paramilitares.
Masacres emblemáticas que ilustran el conflicto:
La Masacre de Escalante (1985): Durante la dictadura de Ferdinand Marcos, fuerzas paramilitares abrieron fuego contra una manifestación de campesinos y pescadores que protestaban por la crisis del azúcar, asesinando a 20 personas.
La Masacre de Sagay (2018): Nueve agricultores (incluidas dos mujeres y dos menores) fueron acribillados mientras cenaban en sus tiendas de campaña improvisadas dentro de una parcela de caña de azúcar que habían ocupado pacíficamente durante el Tiempo Muerto.
Operaciones Sauron (2018-2019): Una serie de asaltos policiales y militares coordinados en la isla bajo el pretexto de la lucha contraterrorista que resultaron en la ejecución extrajudicial de decenas de líderes comunitarios y defensores de los derechos de los campesinos en sus propios hogares.
El control absoluto que ejerció la dictadura de Ferdinand Marcos (padre) sobre la industria azucarera en los años 70 y 80 hundió a Negros Occidental en una de las crisis humanitarias más oscuras de su historia, ganándose el apodo de "la Etiopía filipina".
El mecanismo de destrucción económica y social se articuló a través de tres factores principales:
1. El Monopolio de "Philsucom" y "Nasutra"
Históricamente, los terratenientes de Negros vendían su azúcar directamente al mercado de Estados Unidos bajo un sistema de cuotas muy lucrativo. Sin embargo, en 1974, ese acuerdo con EE.UU. expiró.
Aprovechando la Ley Marcial, Marcos decretó que el Estado asumiría el control total de la compra y exportación de azúcar. Creó la Comisión del Azúcar de Filipinas (Philsucom) y su brazo comercial, la Corporación Nacional de Comercio de Azúcar (Nasutra).
Al frente de este monopolio colocó a uno de sus amigos más cercanos (cronies), Roberto Benedicto, un poderoso latifundista de la propia Negros.
Nasutra compraba el azúcar a los productores locales a precios artificialmente bajos y confiscatorios, prometiendo venderlo a buen precio en el mercado internacional y redistribuir los beneficios. En la práctica, miles de millones de pesos desaparecieron en cuentas extranjeras de la élite gobernante, descapitalizando por completo a la isla.
2. El desplome internacional y la hambruna
A finales de los 70 y principios de los 80, el precio mundial del azúcar se desplomó de casi 0.65 dólares por libra a menos de 0.03 dólares. Con el monopolio estatal ahogando las ganancias locales y el mercado exterior hundido, la economía de Negros Occidental colapsó por completo.
Los terratenientes, al no obtener beneficios, optaron por abandonar las tierras o detener la producción. Esto dejó a más de 250,000 trabajadores agrícolas sin empleo de la noche a la mañana. Al no tener parcelas propias para cultivar alimentos de subsistencia (debido al monocultivo impuesto por el sistema de haciendas), la hambruna generalizada se extendió por la provincia.
En 1985, UNICEF estimó que más del 70% de los niños menores de 14 años en Negros Occidental sufrían desnutrición severa o moderada. Las imágenes de hijos de campesinos esqueléticos en los hospitales de Bacólod dieron la vuelta al mundo.
3. Radicalización y militarización
La combinación de hambre extrema y corrupción descarada creó el caldo de cultivo perfecto para la insurgencia. Miles de campesinos desesperados se unieron al Nuevo Ejército del Pueblo (NPA), que vio en Negros su bastión más fuerte. La Iglesia católica local, influenciada por la Teología de la Liberación y encabezada por sacerdotes conocidos como los "Sugar Priests", se volcó en la defensa de los derechos humanos y la alimentación de los trabajadores.
La respuesta del régimen de Marcos fue una militarización brutal. Benedicto y los azucareros crearon el "Fondo de Desarrollo de Negros", que en realidad era un impuesto privado para financiar la compra de armamento y el entrenamiento de las CHDF (Fuerzas de Defensa Civil del Hogar), los predecesores de los actuales paramilitares.
Cualquier huelga o protesta por alimentos era tratada como una insurrección comunista. El punto álgido de esta violencia estatal ocurrió el 20 de septiembre de 1985 con la Masacre de Escalante, donde las fuerzas del régimen ametrallaron una protesta pacífica que conmemoraba el aniversario de la Ley Marcial, matando a 20 personas.
El colapso de la industria bajo el "capitalismo de compadres" de Marcos no solo destruyó la economía de la isla, sino que enquistó el odio de clases y la militarización que, todavía hoy, explican por qué Negros Occidental sigue siendo un territorio marcado por las masacres rurales.
El entramado de latifundistas en Negros Occidental —muchas veces llamados la oligarquía de Negros o la sacarocracia— es extenso y está muy interconectado a través de matrimonios dinásticos, alianzas políticas y herencias coloniales.
Los apellidos de estas familias terratenientes se repiten tanto en los registros de propiedad de las grandes haciendas como en los cargos de gobernadores, alcaldes y congresistas de la provincia desde hace más de un siglo.
1. El clan Cojuangco (Hacienda Luisita y Negros)
Aunque su centro de poder original y su latifundio más famoso —la gigantesca Hacienda Luisita— está en la provincia norteña de Tarlac, la familia Cojuangco extendió sus tentáculos azucareros con mucha fuerza en la región de Visayas occidentales.
Eduardo "Danding" Cojuangco Jr.: Primo hermano de la expresidenta Corazón Aquino pero archienemigo político de ella, Danding fue uno de los cronies (oligarcas aliados) más poderosos de Ferdinand Marcos. Adquirió vastas plantaciones de caña de azúcar, cocoteros y refinerías en Negros y en todo el país. Controló durante décadas la icónica corporación San Miguel y financió ejércitos privados para salvaguardar sus tierras frente a los reclamos de la reforma agraria.
2. La dinastía Lacson
Es uno de los apellidos coloniales más antiguos e influyentes de la isla, con raíces directas en el siglo XIX.
Aniceto Lacson: Fue un terrateniente histórico clave que lideró la Revolución de Negros contra el dominio español en 1898. Desde entonces, la familia ha mantenido inmensas extensiones de tierra divididas en múltiples haciendas. Un sector de la familia construyó el famoso Balay Negrense en Silay, una de las mansiones coloniales más imponentes que muestra la opulencia de la época dorada del azúcar.
3. La familia Lizares
Este apellido está ligado a la fundación y expansión de los ingenios azucareros modernos (sugar centrals) en Bacólod y Talisay.
Controlaban vastos campos y construyeron algunas de las propiedades más extravagantes de la región, como la Mansión Lizares en Bacólod (un palacio de estilo neoclásico e italiano que hoy funciona como escuela y capilla, pero que en su momento personificó el poder económico de la familia). Durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su tamaño y posición estratégica, la mansión fue confiscada y utilizada por el ejército imperial japonés como cuartel general.
4. El clan Yulo
Otra de las familias históricas de la sacarocracia que logró dar el salto definitivo de las plantaciones agrarias a los despachos de la alta política nacional en Manila.
José Yulo: Empezó controlando inmensas haciendas azucareras en Negros Occidental (y más tarde en la provincia de Laguna, con la célebre Canlubang). Llegó a ser presidente de la Corte Suprema y Portavoz del Congreso. El clan Yulo ha sido un ejemplo clásico de cómo el dinero del monocultivo de Negros se tradujo directamente en blindaje legal y legislativo para evitar que las sucesivas reformas agrarias fragmentaran sus propiedades familiares.
5. Los Montelibano
Una familia que históricamente ha manejado con puño de hierro tanto la producción agrícola como la administración pública de la provincia.
Alfredo Montelibano Sr.: Fue el primer alcalde de la ciudad de Bacólod y gobernador de la provincia. Durante las décadas centrales del siglo XX, fue el rostro público de la resistencia patronal contra los primeros intentos de sindicalización de los sacadas (los jornaleros temporales). El clan ha mantenido un control estricto sobre miles de hectáreas cultivables y ha colocado a varios de sus miembros en puestos clave del Congreso filipino.
El factor común de la permanencia
A diferencia de lo que ocurre en los países occidentales, donde las aristocracias agrarias decayeron con la industrialización, en Negros Occidental estas familias mutaron en conglomerados empresariales y partidos políticos.
Cuando la reforma agraria (el CARP) amenazaba con dividir sus haciendas a partir de 1988, recurrieron a tecnicismos legales (como declarar sus tierras "zonas agroindustriales" o "parques de conservación") o directamente a la intimidación de cooperativas campesinas mediante guardias armados para mantener el control territorial que hoy en día siguen ostentando.
Fuente : Gemini

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