domingo, 1 de febrero de 2026

Pedro Segura y Sáenz (1880–1957)

 

Pedro Segura y Sáenz

Hablar del Cardenal Pedro Segura y Sáenz (1880–1957) es adentrarse en la biografía de uno de los personajes más controvertidos, firmes y, para algunos, anacrónicos de la historia de la Iglesia española del siglo XX.

Fue un hombre de una personalidad arrolladora y un integrismo religioso que no conocía de matices, lo que le llevó a enfrentarse tanto a la Segunda República como a la dictadura de Francisco Franco.

1. El azote de la Segunda República
mausoleo en San Juan de Aznalfarache

Segura fue nombrado Cardenal Primado de España (Toledo) en 1927. Con la llegada de la Segunda República en 1931, no tardó en publicar una famosa pastoral en la que elogiaba a la monarquía de Alfonso XIII y advertía de los peligros del nuevo régimen.

  • Consecuencia: El Gobierno provisional de la República lo consideró una provocación directa y terminó siendo expulsado de España.

2. Una relación volcánica con Franco

Aunque uno podría pensar que Segura y Franco serían aliados naturales, la realidad fue muy distinta. Segura representaba el integrismo católico puro que no aceptaba que el poder político (Falange o el propio Franco) interfiriera en los asuntos de la Iglesia.

  • Conflictos célebres: Se opuso a que Franco entrara bajo palio en las iglesias (un privilegio que consideraba exclusivo de la realeza o la jerarquía eclesiástica).

  • Fobia a la libertad de culto: Era radicalmente contrario a cualquier mínima tolerancia hacia el protestantismo o el judaísmo en España, lo que chocaba con los intentos de Franco de suavizar su imagen internacional.

3. El "Rey" de Sevilla

En 1937 fue nombrado Arzobispo de Sevilla. Allí se convirtió en una figura casi mítica. Se dice que mandó instalar un altavoz en la Giralda para que sus sermones se oyeran en toda la ciudad.

  • Censura de costumbres: Prohibió bailes, criticó el cine y hasta el fútbol por considerarlos inmorales.

  • El enfrentamiento final: Sus críticas constantes al régimen obligaron al Vaticano a intervenir. En 1954, la Santa Sede nombró a un coadjutor para quitarle el mando efectivo de la archidiócesis, aunque él se resistió hasta el final.

Más que como una persona "mala" en el sentido criminal, la historia lo cataloga a menudo como un hombre fanático, autoritario y carente de cualquier atisbo de empatía hacia quienes no compartían su visión del mundo. Su "maldad", para sus críticos, residía en una intransigencia que rozaba la crueldad psicológica y el control social absoluto.

Aquí tienes algunas anécdotas y comportamientos que cimentaron esa fama de hombre oscuro y temido:


1. El castigo a las mujeres de Sevilla

Segura estaba obsesionado con la moralidad femenina. No se limitaba a aconsejar; castigaba.

  • El baile: Prohibió el baile agarrado, calificándolo de "pecado mortal". Llegó a enviar a "vigilantes" a fiestas privadas para informar de quiénes bailaban.

  • La moda: Negaba la comunión a las mujeres que no iban vestidas según sus estrictas normas (mangas largas, sin escotes, medias gruesas). Se dice que incluso prohibió la entrada a iglesias a mujeres que llevaban los labios pintados o que no usaban velo, tratándolas públicamente de "prostitutas" en sus sermones.

2. El desprecio por los muertos (El incidente del Alcázar)

Una de las historias que más daño hizo a su imagen fue su actitud con los caídos del bando nacional (el bando que, teóricamente, él apoyaba).

  • Cuando Franco quiso enterrar a los falangistas caídos en las iglesias y poner placas con sus nombres (el famoso "Caídos por Dios y por España"), Segura se negó rotundamente.

  • No lo hacía por humanidad, sino por soberbia: decía que los templos eran solo para Dios y los santos, y que los falangistas eran "paganos" con camisa azul. Esto causó un dolor inmenso a las familias de los fallecidos, que veían cómo su arzobispo les cerraba las puertas en pleno duelo.

3. El control de la alegría: El cine y el fútbol

Segura consideraba que cualquier diversión popular era una distracción del espíritu.

  • Intentó prohibir que los católicos fueran al cine, publicando listas negras de películas.

  • Llegó a arremeter contra el fútbol, diciendo que ver a hombres en pantalones cortos corriendo tras una pelota era una "indecencia" que fomentaba las bajas pasiones. Para muchos sevillanos, intentar quitarles el fútbol y las fiestas era un acto de pura malevolencia.

4. La crueldad con su propio clero

No era solo duro con los fieles; era un tirano con sus subordinados.

  • Se dice que humillaba a los sacerdotes en público si su sotana no estaba perfectamente limpia o si detectaba cualquier asomo de pensamiento moderno.

  • Gobernaba la archidiócesis mediante el miedo y el espionaje, creando un ambiente de opresión que hizo que muchos sacerdotes respiraran aliviados cuando el Vaticano finalmente le retiró los poderes.

5. Su odio al "diferente"

Mientras el mundo intentaba sanar tras la Segunda Guerra Mundial, Segura publicó pastorales incendiarias contra los protestantes, a los que llamaba "hijos de la perdición". En una ocasión, sus discursos fueron tan violentos que grupos de exaltados atacaron una pequeña capilla protestante en Sevilla. Segura, lejos de pedir calma, justificó la violencia como "celo religioso".


¿Era malo o simplemente un fanático?

La mayoría de los historiadores coinciden en que Segura no buscaba el beneficio personal (vivía de forma austera), sino que padecía de una soberbia espiritual patológica. Se creía el único intérprete de la voluntad de Dios en la tierra, y eso lo hacía ciego al sufrimiento o a la libertad de los demás.

Una frase que lo define: "En Sevilla no se mueve una hoja de un árbol sin que yo lo quiera". Esa ambición de control total sobre la vida privada de la gente es lo que le ganó la etiqueta de persona "mala" o, al menos, tiránica.

El mausoleo de Pedro Segura es, posiblemente, el monumento que mejor resume su personalidad: colosal, autoritario y diseñado para la gloria eterna.

No está en la Catedral de Sevilla, como cabría esperar de un arzobispo, sino en el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en San Juan de Aznalfarache, un complejo que él mismo mandó construir en un cerro que domina toda Sevilla.

Segura no quería una tumba discreta. Construyó un complejo monumental inmenso. El mausoleo se encuentra en la cripta, bajo la gran torre de 34 metros coronada por el Sagrado Corazón.

  • La ubicación: El hecho de que esté en un cerro mirando a Sevilla es simbólico; quería seguir "vigilando" la ciudad incluso después de muerto.

  • La escala: Es de un lujo y unas dimensiones que contrastan con la humildad que se le presupone a un seguidor de Cristo. El mármol y la arquitectura buscan imponer respeto y distancia.

2. La inscripción desafiante

Lo más llamativo de su tumba no es el arte, sino lo que dejó escrito. En su epitafio, en latín, se lee:

"Para que después de mi muerte no se hable de mí sino a Dios, he querido que se ponga esta lápida..."

Sin embargo, el resto de la inscripción no es precisamente humilde. En ella recalca sus títulos y, de forma velada, su "victoria" moral sobre sus enemigos (la República y los políticos del régimen de Franco). Es una última palabra escrita en piedra contra todos los que intentaron doblegarlo.

3. Un cementerio privado para su familia

Segura no se enterró solo. Convirtió el lugar en una suerte de panteón dinástico. Allí descansan también sus padres y sus hermanos.

  • Esto fue muy criticado en su momento, pues se consideró que utilizaba un espacio sagrado financiado con donaciones de los fieles para crear un mausoleo familiar privado, algo más propio de la nobleza antigua que de un pastor de la Iglesia moderna.

 

Fuente: Gemini 

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