En 1924 China se vio envuelta en una cruenta guerra civil que tuvo su origen en un movimiento xenófobo provocado por una intensa propaganda bolchevique; muchas provincias se declararon independientes del poder central y China se sumió en la anarquía. Poco a poco, los diversos combatientes fueron agrupándose en dos grandes bandos: el de los nordistas o defensores del poder central, y el de los sudistas o defensores del gobierno nacionalista de Cantón. La lucha terminó en 1928 con el triunfo de los sudistas o nacionalistas, que estableció al fin la unión nacional de China, y cuyas consecuencias inmediatas fueron el traslado de la capital de la nación a Nanking, la promulgación de una nueva Constitución, y la elevación de Chiang-Kai-Skek al cargo de jefe supremo del estado.
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